La diversidad multiplica nuestro rendimiento

Si bien encontrarnos en nuestro camino con personas diferentes a nuestro modo de vida, estilo, pensamiento, prioridades, actitudes y/o sentimientos puede parecer a priori traumático y limitante, la realidad es que multiplica nuestras posibilidades de desarrollo y crecimiento personal.

En una entrevista reciente de trabajo me di cuenta que mi cliente interno empatizaba claramente con la candidatur@ que entrevistábamos. Las dos eran personas extrovertidas, directas, enérgicas e impulsivas. Con actividades y aficiones afines. Pero, ¿buscamos a nuestro igual? o bien, ¿buscamos a alguien que nos complemente?

En mi opinión, la diversidad aporta riqueza y magia. Combina lo mejor de cada uno y disimula las áreas de mejora individuales. El prejuicio a aquello que es “diferente” nos saca de nuestra zona de confort y nos provoca incertidumbre, miedo a lo desconocido y al rechazo.

Fijaros en vuestro entorno de trabajo. Seguramente, estaréis rodeados de diferentes perfiles que en general son muy comunes en todos los equipos de trabajo; el Líder (todos siguen su ejemplo), el Creativo/caótico (tiene las mejores iniciativas pero no le acompaña la planificación), el Sr. Orden (el metódico, escrupuloso, tan orientado al detalle que pondrá de los nervios a más de uno), el Presencialista (a veces hay que recordarle sus obligaciones pero, curiosamente, es el que pasa más horas en el trabajo) y el Dr. NO (negativismo puro y duro, pero con un corazón enorme). ¿Los tienes ya identificados verdad?

Si reflexionamos, cada uno de ellos es una parte esencial del equipo de trabajo, complementando y enriqueciendo al resto de compañeros en el desempeño de su rol. Seguramente, tendrás mil y una anécdotas con cada uno de ellos y ya habrás encontrado su parte positiva.

En mi caso, mi gran ejemplo seria mi última pareja de dobles, Ana, nacida en Tbilisi (Georgia) y residente de EEUU desde los 8 años. Realmente talento puro, con un revés espectacular y una agresividad en el juego que le permitía dominar a las rivales con una facilidad espeluznante. Sin embargo, no controlaba el tempo de los partidos y su inestabilidad le jugaba malas pasadas en momentos clave. Era capaz de ganar a las mejores, y a la vez, de perder contra jugadoras de nivel inferior.

En cuanto a mi juego, ¡desde luego no contéis con mi revés! Siempre ha sido mi gran handicap. Destacaría de mi, la capacidad de leer los partidos, los tempos, la anticipación y la constancia. No tenía el revés de Ana, tampoco la velocidad en los golpes, pero aportaba “cabeza” e inteligencia táctica en cada uno de mis golpes y movimientos.

Esta combinación permitió al equipo ganar puntos en los enfrentamientos contra otras universidades, la consecución de tres torneos de dobles y lo mejor y más importante, que Ana y yo disfrutáramos en cada uno de los encuentros que disputamos.

Cada uno es como es. Cada uno piensa como piensa. Lo más importante es RESPETAR y comprender que la diferencia nos hace a todos mejores. La clave es la actitud. ¡No dejes pasar la oportunidad de crecer y aprender de todas las personas que forman parte de tu día a día!

Mi padre era jugador de rugby. Mi madre era bailarina. ¡Y yo salí tenista! Desde estas líneas les agradezco la educación que me han dado y la oportunidad de ser diferente

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